Puntos de interés en la Senda del Oso

Qué ver en la Senda del Oso

Los 5 tesoros imprescindibles que no puedes perderte en la vía verde más famosa de Asturias.

Bienvenido a la vía verde más emblemática de Asturias. La Senda del Oso no es solo un camino; es un viaje por la historia minera, la naturaleza indómita y el refugio del animal más majestuoso de nuestra cordillera.

Osos pardos en el recinto de Proaza

1. El Cercado Osero de Proaza: El corazón de la Senda

El alma de estos valles reside aquí. En este recinto de monte cerrado viven en semilibertad las osas Paca y Tola, junto a la joven Salia. Camina en silencio por su vallado perimetral y aguza la vista; verlas desayunar o descansar entre la maleza es un privilegio que conecta directamente con la fauna cantábrica.

Paredes calizas del desfiladero de Valdecerezales

2. El Desfiladero de Valdecerezales: Paredes que tocan el cielo

Prepárate para sentir la magnitud de la caliza asturiana. En el ramal de Teverga, la senda se encajona en el Desfiladero de Valdecerezales, donde las paredes verticales parecen cerrarse sobre tu cabeza. Es, sin duda, el tramo más fotogénico y salvaje de todo el recorrido.

Ciclistas atravesando un túnel de roca

3. Los Túneles de Roca: Una aventura bajo la montaña

Lo que antaño servía para el paso del tren minero, hoy es el pasaje favorito de los aventureros. Decenas de túneles excavados a pico y pala atraviesan la montaña, ofreciendo un frescor natural incluso en los días más calurosos. Atravesarlos es como viajar en el tiempo.

Vistas del embalse de Valdemurio en Quirós

4. Embalse de Valdemurio: El espejo de Quirós

Ubicado en el ramal de Quirós, este embalse es un oasis de paz. Sus aguas cristalinas reflejan las cumbres del Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa, creando una postal difícil de olvidar. Es el lugar ideal para un alto en el camino o disfrutar de un picnic.

Hórreo tradicional en Proaza

5. El Patrimonio de los Valles: Pueblos y Hórreos

La Senda del Oso no es solo naturaleza; es cultura viva. A tu paso encontrarás pueblos con encanto como Proaza, Entrago o Bárzana, donde hórreos centenarios siguen formando parte del paisaje cotidiano. Detenerse a tomar una sidra en un chigre local es el cierre perfecto.

¿Listo para la aventura?

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